El agresor cogió las cosas y se fue, evitando mirar a los ojos de quien segundos antes fue el blanco de su mano.
-Jódete como tu le has jodido otras veces. Te lo mereces -Se dijo a sí misma mientras caminaba por el puerto, buscando algo que la ayudara a llorar.
Esta incapacidad para soltar lágrimas la abrumaba. Unas veces le daba por pensar que la demencia asomaba por su mente, otras consideraba la posibilidad de estar desarrollando un dolor crónico y finalmente, en los días más placenteros, se enorgullecía de su propia capacidad para afrontar los duros momentos. Perder la cabeza no entraba dentro de sus planes y haría lo que sea para que siempre fuera así.
Llegó a casa y apagó la luz del baño. Puñetera manía de dejar las luces abiertas, almenos ahora no debería preocuparse nunca más por ir apagando luces. Se sentó en el escritorio de madera y cogió un boli Bic azul. Le encantan estos bolígrafos. De hecho, encontrar un bolígrafo que resbale lo suficientemente bien y no suelte tinta de manera irregular le parece una tarea sumamente complicada. Resulta que éste, el bolígrafo con el precio más bajo disponible en papelerías, és el bolígrafo que nunca le falla al escribir sin prisas, ya que logra que sus letras tengan la redondez que ella considera perfecta.
Así pues, boli Bic en mano, empezó a escribir lo que soltaba por su boca. El solo hecho de escribir la ayudaba a calmar y poner en orden sus sentimientos. Sin embargo, hacerlo así le resultaba doblemente calmante.
-Hijo de puta, la madre que te parió, matas a nuestra gata y aún me echo las culpas. No es justo, para nada. Tu te olvidaste de darle el medicamento el día en que te tocaba a tí y yo me olvidé de dárselo el dia en que debía hacerlo yo. La gata era nuestra, yo también sufro su pérdida. Sin embargo, yo no te he herido. Sin embargo, yo sigo atormentándome. Sin embargo, me seguirás atormentando. Olvídalo todo y vete a la mierda, pues servidora se va también a la mierda, pero ésta última de doble ración y de diferentes culos.
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