domingo, 16 de junio de 2013

El tabú del pubis depilado


"Angst about pubic hair comes down to one thing; women changing themselves because of what they believe is expected of them sexually instead of what they want (ask any 24-year-old on their way to a bikini wax if it's how they really want to spend 20 minutes and see what they say)." Dina Rickman, 2013. 


Excelente artículo en el diario digital británico The Telegraph, en el que una joven habla sin tapujos de éste tema del que muy seguramente los de mi generación estarán muy al día. Según afirma Dina, ésta "moda" de llevar el pubis parcial o totalmente depilado nos está afectando a los jóvenes de la misma manera que ya lo han hecho con anterioridad los cánones de belleza: ansiedad, inseguridad con el propio cuerpo y una sarta de gilipolleces y prejuicios que acaban convirtiéndose en simpáticas anécdotas (aunque simpáticas para la parte que juzga, porque que te digan "joder, cuánto pelo" una vez has exhibido tu entera anatomía esperando un poco de feedback positivo, afecta).

Según Simon Blake (un ejecutivo que al parecer tiene alguna asociación sin ánimo de lucro sobre la salud sexual de chicos jóvenes), uno de los problemas es que los supuestos encargados de dar las charlas no son muy jóvenes que digamos, por lo que los interesados no están muy dispuestos a hablar con ellos de una manera muy abierta. Un pequeño apunte, lo primero es reconocer el problema, pero lo suyo seria continuar y dar el cambio. ¡Creo yo! 

El mismo continúa diciendo que aún así hay esperanza, pues los jóvenes de hoy en día estamos más dispuestos a soltar prenda sobre temas íntimos que no en generaciones anteriores. A ver, puntualizemos. ¿Cómo no íbamos a ser más abiertos, si desde los diez años (e incluso antes para los más achispados) tenemos acceso a un sinfín de pornografía? No pretenderán hacerme creer que por obligar a los pequeñines a hacer click en el temido enlace de "Sí, soy mayor de 18", no van a estar lo suficientemente sedientos de curiosidad como para darle treinta veces sin pensar. ¡Ojo! (o "Ull! Per exàmen" como suele decir una estupenda profesora de la UdG) Que yo no critico que los nenes miren porno, que más o menos todos hemos pasado por eso y no hemos acabado, ni mucho menos, traumatizados. Simplemente me parece absurdo decir ésto dándole más importancia de la que tiene, como cuando Rajoy magnifica la noticia de que hay unos miles de parados menos en época de turística, pintándolo como un logro. Me parece una obviedad a la que se le pretende dar el caché de tabú. ¿No será que los mismos que combaten tabús, son los mismos que lo crean? Porque yo me acuerdo de aquella sensación de incomodidad, al irrumpir en clase de la ESO un/a personaje de mediana edad para hablarnos de sexo, drogas y compresas. Y además, como si fuéramos tontos, hablando como si nos estuvieran descubriendo la tumba de Tutankamón. Una absoluta pérdida de tiempo que quizá no lo sería tanto si se diera la información en la edad adecuada y, además, de manera que cada niño/a se lo pueda mirar tranquila en íntimamente en casa (y si tienen preguntas, pues que envíen un correo) y luego hablar-lo en el colegio con quien todos queremos hablarlo: con los amigos. Pero poner a hablar a uno de 14 con otro de 39, y encima en el aula, que dices algo en voz alta y te hacen la vida imposible por los días de los días, amén, NO. Se me vienen a la cabeza los gamberrillos de turno y el típico grupito de arpías con sus chismorreos que siempre acaban con un "será zorra". No debemos menospreciar el contexto social del adolescente, porque creando situaciones de éste tipo les podemos hacer un daño inimaginable.

A ver, entremos en lo primordial: depilación del pubis SÍ o NO? Servidora opina que se debe suavizar el impacto que ésta nueva moda ha generado en los jóvenes, dándoles artículos y hablando libremente sobre el tema de manera que tengan todo lo necesario para contrastar qué quieren hacer y que no les pase como al joven que citan en el artículo, el cual no puede mantener una erección si la mujer luce atributos al natural. En definitiva, crear polémica, que todos soltemos nuestra opinión y que, como con tantas otras cosas, al final acabe siendo algo con una mayoritariamente reconocida aceptación de la elección del individuo. Es decir, que si alguien te suelta algo negativo, que tengas la confianza suficiente como para rebotarte gracias a que sabes que no estás solo/a. Vendría a ser algo así:


En fin, que yo solo espero como hipotética buena futura psicóloga que la gente conserve su salud mental para llegar a superar baches mucho mayores, que para disgustos la vida ya te trae los suficientes como para andar con ansiedad por si al feo de tu rollo le parece mal que vayas como dios te trajo al mundo. Que de gustos los colores, id como os plazca, ya sea al zero, recortaditas/os o al natural, porque al final siempre se resume todo en los tres tipos de individuos que te juzgarán: el que no sabe que haces con tu vida ni le importa, el que te quiere por como eres y lo que eres y, finalmente, el que se merece el bailecito del GIF de arriba.



Bibliografia: 
Imágenes:

sábado, 15 de junio de 2013

De sueños perturbadores

 

Hoy he tenido un sueño espantoso. Ni siquiera el estupor de la embriaguez de horas anteriores ha conseguido mantenerme en la cama. He acabado tan nerviosa que lo primero que he hecho al abrir los ojos ha sido comprobar con la luz del móvil que no tenía ninguna herida.

De lo poco que recuerdo, estaba yo de vacaciones, o más bien de aventura, en una barriada perdida de la mano de dios en algún pueblo al parecer exótico. Aunque visto lo visto, exótico de mugre. Todo transcurrió a lo largo de una calle. Yo y mi amigo David (más algún otro protagonista que pululaba por ahí modo automático en plan Los Sims) bajamos de un coche que nos llevó a ese barrio. Yo fingiendo estar segura de mí misma, con una media sonrisa en la boca más falsa que la de una azafata de avión, caminando para arriba  mientras hombres y mujeres, de tez mulata o negra en general, me miraban con cara intimidante. Una mezcla de curiosidad y asco al más puro estilo Y éstos que carajo hacen aquí?. Las casas blancas y sucias estaban unidas en una hilera sin interrupciones. Garajes, puertas y ventanas abiertas de par en par. La gente, con su antes mencionada mala cara, interaccionan entre ellos sin el menor atisbo de simpatía. Incluso hay un par que, en media discusión, empiezan a empujarse. Llegamos al final de la calle y todo lo otro se ve más espacioso. Me dice mi acompañante que si quiero que nos volvemos al coche, que no cree que todo eso sea muy seguro (refiriéndose a mi, que en ese contexto yo era, claramente, presa fácil de brutalidad sexista y abusadores varios, y créanme que no me gusta nada reconocer ésta percepción de la realidad). Primero le quito hierro al asunto diciéndole que no pasa nada, que si él quiere continuamos. Me mira con cara de incredulidad y me dice que volvamos, a lo que yo respondo con entusiasmo y alivio que tiene razón. Al volver la vista a la calle, vemos que todos se han congregado alrededor de los dos que antes se estaban empujando. Uno de ellos llevaba en su mano un machete gastado y sucio, que apuntaba hacia su oponente que permanecía delante de él cabizbajo y aceptando su destino. Parecía más un ajusticiamiento socialmente lícito, pues todos los del barrio estuvieron mirando sin decir ni mu. Mi acompañante pasó en medio de esa gente, pasando al lado del hombre del machete. Yo iba detrás, y justo en el momento de pasar yo a su lado, el tío me da un golpecito con el machete en las costillas, que consigo detener protegiéndomelas con el brazo. Allí sufrí un dolor y una picazón considerables en mi muñeca. Me había hecho un corte superficial y una punzada un poco más profunda. El hombre me clava sus detestables ojos rojos con cara insolente y llena de maldad, pero me voy y no me sigue. Llegamos a Palamós y estoy con mis acompañantes, el señor David y el señor... llamémosle Caradepoker. Me quejo de que me pica y me duele mucho la herida de la muñeca. Y cuál es mi sorpresa que al verla, descubro que el corte tiene un color verdoso y que hay, además, dos agujeros pequeños pero profundos, negros y con lo que parece ser moho. Decimos constantemente que debo ir al médico, pero no nos paramos de detener por todas partes. Vamos al banco porque quiero coger dinero por si debo pagar al médico, pero sale un dependiente del banco a molestar, explicándonos por qué tarda tanto la máquina, el por qué, aunque lo tengamos delante de nuestras narices, no logramos coger el dinero. Y mientras, me voy mirando la herida que cada vez luce peor, más negra y con más moho. Y la paranoia de que me voy a morir o me van a cortar la mano empieza a ser bastante real. Empiezo a despertarme, soy consciente de que estoy soñando pero aún estoy emperrada en seguir en el sueño para ver si llego al médico. Me duele tanto la muñeca y noto tanto el dolor del corte que abro los ojos y miro en la luz del móvil si realmente tengo la herida. Abro la luz, bebo, me meto en la cama y no he podido volver a pegar ojo. 

Desde entonces se me han ocurrido diversas asociaciones de elementos de éste sueño con mi vida real, pero desde luego lo he pasado fatal y quería plasmarlo en algún lugar para que nunca se me olvide.  Por cierto, a quien le interese, que se mire la galería electrónica de fotografías de Sebastián Liste, concretamente el álbum Urban Quilombo en la que se retrata un grupo de gente que ocupó y vivió en una fábrica de chocolate abandonada de Brasil.

"Memorias de un Zombie Adolescente" de Jonathan Levine

 

La película de hoy ha sido "Memorias de un zombie adolescente". Me ha recordado muchísimo a la época en que aún funcionaba Megaupload y me dedicaba a la caza de toda película relacionada con zombies y temáticas apocalípticas. Encerrada en casa, zampándome un mínimo de 30 paginas por día y haciendo esas PAC interminables de la UOC. De premio/descanso: películas. La verdad es que hecho de menos sentirme útil, sentir que realmente cada día he hecho algo de provecho, que me lo he currado. Pero vamos, será la nostalgia, porque recuerdo haber llorado cuando creí que eso era lo que me esperaba en los cuatro años de carrera. Y aquí estoy, medio llorando por lo mal que se me dan los exámenes de la universidad física y suspirando por esos trabajos individuales en los que me sacaba de notables para arriba. 

Pues eso, al turrón. A falta de tercera parte de Bridget Jones, ésta película me ha dado la ración de romanticismo freak que necesitaba para acompañar al bote de helado de chocolate (¡tsss... y suizo!). Ha estado bien que el zombie en cuestión sea apetecible a la vista, ¿a lo Edward Cullen pero en zombie no? Pues algo así, supongo. A ver, que las mujeres de hoy en día queremos guerra, tenemos tanto derecho a gozar de chulazos en pantalla como los hombres. La época de Los Ángeles de Charlie, Los vigilantes de la playa... en los que básicamente había 7830718378401783710830718 mujeres buenorras por cada chulazo en pantalla. No, hombre, no. Así és mucho más justo, hagámoslo equitativamente.

Va, gente, no me voy a poner a hablar de los nuevos tipos de zombies que aparecen en la película. Para alimentar este debate ya vendrá la de "Guerra Mundial Z" (que por cierto, tengo muchísimas ganas de ver).  Sí, de acuerdo, me habéis pillado. No me paso todo el día trabajando. No finjáis, vosotros tampoco. 

martes, 6 de noviembre de 2012

La compañía de la noche


Me dispongo a encerrarme en una habitación. Cierro el pestillo. El muy cabrón choca con el tope de la puerta, desvelando así mis intenciones. El aire és frío. El suelo, helado. Mis calcetines de Hello Kitty no logran impedir que mis pies adquieran la temperatura de un Calipo de fresa, así que doy un salto hábil en mi mente, pero patoso en la realidad, y meto los pies en mis blancas (aunque un poco sucias) zapatillas.

El momento se va acercando. Tiritando y muerta de cansancio voy apagando el ordenador. Guardo la mierda de mi escritorio. Hay mucha. Papeles, plásticos, pintauñas, vasos... Estoy tiritando y muerta de cansancio. Recojo cuatro cosas, las más grandes. Lo otro lo malpongo en un cajón.

Piso la alfombra blanca, ésta vez si, impoluta. Hago la croqueta un rato, me siento gilipollas un rato más largo y después me levanto, ahora ya, más realizada. Estoy tiritando y muerta de cansancio. 

Me acerco a la puerta. Visualizo la posición de mi cama y mis posibles impedimentos. Todo correcto. Se acerca el momento... ya llegó. Pulso el interruptor, la oscuridad me envuelve, corro velozmente hacia mi cama, no veo nada, la oscuridad se me tira encima como mil ojos punzantes, abro la manta y me meto rauda dentro de la cama.

El momento se va acercando. Tiritando y muerta de cansancio me acurruco como puedo para coger más rápido el calor. Tan patético, tan humano. Alguien me sopla en la nuca. Sopla fuerte, porque lo siento aún teniendo el cabello largo hasta la cintura. Abrazo a un peluche gigantesco, tiritando y muerta de cansancio.

El soplido cesa. Unas manos aprietan mis carnes. Me estremezco. Se me pone la piel de gallina.

El momento ha llegado. Una voz. Esa voz estridente que rompe el silencio de la habitación.
- Rodoniiil, no abraçis al peluche, abraça'm a miii. - Suspiro tranquila al entrar en calor. Y más que suspiraré.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Fábrica de autómatas


Me resulta asfixiante quedarme en casa teniendo muchas tareas por hacer. Básicamente, lo que se espera de mí ahora mismo es que redacte siete u ocho trabajos sobre diferentes temas, que muy probablemente me interesan más de lo que nadie (incluso yo) puede llegar a creer. ¿Cuál es, entonces, el problema? Muy sencillo, simplemente que me obligan a hacerlos. Dame un libro, una película, incluso un trabajo opcional, que yo devoraré todo esto sin problemas.

No puedo, simplemente no puedo. La página en blanco no me aterroriza lo más mínimo, creo que estoy asustada de la obligación, de las expectativas. Las evaluaciones, siempre decepcionantes, excepto cuando soy yo quien escoje qué quiero hacer y cómo. Lo tengo muy claro, clarísimo. Soy una negada para recordar de memoria datos que, si nunca llego a necesitar (que lo dudo en la mayoría de los casos, y no sabéis cómo lo dudo) sólo tendré que meterme en google o revisar mis libros de texto para hacer un poco de memorandum.

Me siento como un replicante, sólo sirvo para lo que sirvo para los ojos academicistas. Lleno el hueco que me ha sido asignado. Formo parte de un circo de vanidades, y nada más. Aparento ser lo que todo el mundo espera que yo sea. Dudo mucho que nadie se llegue realmente a creer que “estudiar” sirve realmente para algo. Ah, claro, lo que pasa es que el concepto que a mi me han enseñado de “estudiar” se refiere a “empollar”. Vaya, qué tonta soy, lo suelo olvidar. ¿Ves? Por eso soy estudiante, porque debo aprender a olvidarme de ello de una vez por todas. Porque en el momento en el que mi conciencia deje de revelarse contra lo que por gracia o desgracia soy, es entonces cuando podré estar encerrada en casa, sentada, calmada, olvidando la vida que podría estar teniendo fuera de estas cuatro paredes.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Te pido poco, te pido todo


Miércoles, 31 de Octubre. Esta vez me desperté con los latidos de mi corazón retumbando descompasados en una especie de eco, creado por el hecho de tener las orejas tapadas por mi mano. Con la cara húmeda fui levantándome mientras mi lengua iba saboreando la primera ingesta del dia.
Uf, este sabor salado solo hace que recordarme cómo de golosa puedo llegar a ser. Así que fuí derecha al congelador y cogí el enorme tarro de helado de chocolate con virutas de chocolate. No hay placer más reconfortante que aquél al que le puedes añadir aún más placer. Y así lo hice: me dispuse a ver “El Diario de B.J.”.

Soledad, amor no correspondido, ligue, amor correspondido, desamor, soledad, amor reencontrado... Todo esto me va entrando rápidamente por los ojos aunque ya hace tiempo que dejé de fijarme en la historia en si. Solo soy capaz de ver mi reflejo. Soy como uno de esos caballos con los ojos vendados. Veo lo que me interesa ver y, de hecho, no me molesta que sea así.

En cierta manera, sé que soy feliz. Creo que no puedo llegar a serlo más. El tormento al que me someto, la inevitable soledad en determinados momentos, la melancolia de los tiempos pasados, la culpa de lo que no supe llevar perfectamente bien, la frustración al no poder hacer que otros vean lo que yo veo como correcto... nada de eso es capaz de hacerme creer que no soy feliz.

Algo me dice que merezco esto, aunque muchos crean que no. Pero yo ya soy un preso que ha cumplido condena, pese al deseo de muchos. Tengo la serotonina por las nubes y la oxitocina me visita muy a menudo, así que perdónenme pero voy a disfrutar de ello. Cogeré mi tarro de helado y mi “Diario de B.J.” y seguiré haciendo lo que merezco hacer: vivir y esperar, sin esperar vivir ni esperar lo que siempre esperé.

jueves, 12 de julio de 2012

Estic Amb Tu


En el món hi ha dos tipus de persones les quals dividiré en dos grups: en primer lloc, les que fingeixen preocupar-se pels altres i, en el segon grup, les que d'entrada barren el pas a qualsevol mostra de problemàtica personal aliena amb vistes a extendre's massa en el temps. Òbviament, entremig hi ha tota una àmplia gamma d'intensitats i variants, però no fingim més. Destapem i exposem-ho. Els problemes dels altres són un càrrega emocional innecessària, fins a cert punt.

En el primer grup de gent, segons crec entendre, hi afegiria dos subgrups. En el primer d'ells hi són els que han tingut una educació en la que el benestar dels altres és un afer que s'ha de sentir com a propi, ja sigui per moral o educació. Aquesta característica és dèbil ja que la mostra d'interès sincer pels problemes dels altres pot ocasionar que la "víctima" recorri massa sovint a la dialèctica i paciència del seu salvador provocant que, aquesta última, es passi al següent subgrup o en un cas realment agobiant, al segon grup. 
En el segon subgrup, aviso que molt més pervers que el primer, hi podem trobar els que actuen d'aquesta manera perquè saben que en qualsevol moment ells poden necessitar el mateix. Pervers o previsió? Dues paraules molt semblants que no cal que competeixin per definir el segon subgrup.

I ara anem a pel segon grup, els que saben dir NO. Són aquells que la seva vida personal és prou turbulenta com per a no ser capaços d'encaixar més males notícies o els que la seva vida és tan altament satisfactòria que no poden arribar a comprendre que algú pugui donar tantes voltes als seus problemes? Servidora prefereix pensar en la primera opció, ja que crec que no hi ha gaire gent amb una vida "altament satisfactòria". No perquè les condicions en les que viuen no siguin propícies, més aviat perquè hi ha certes expectatives creades per la cultura que provoquen que el menor trasbals en la nostra vida sigui un episodi de caos i autodestrucció emocional i física. 

En tot això, quin és el grup o subgrup millor? N'hi ha algun que sigui moralment perfecte? Crec que la perfecció no existeix ni en els gomets que tinc sobre l'escriptori. Parem ja de fer-nos mal entre nosaltres. Deixem d'emetre judicis sobre qui és millor o pitjor. Les persones no han vingut a aquest món ni a ser els salvadors d'un ni a fer mal. No forcem a la gent que estimem a comportar-se de determinada manera perquè això sigui el que "se n'hauria d'esperar". Que cadascú obri i tanqui les portes segons el que cregui necessari, per a un mateix i, després, pel bé dels altres.