miércoles, 31 de octubre de 2012

Te pido poco, te pido todo


Miércoles, 31 de Octubre. Esta vez me desperté con los latidos de mi corazón retumbando descompasados en una especie de eco, creado por el hecho de tener las orejas tapadas por mi mano. Con la cara húmeda fui levantándome mientras mi lengua iba saboreando la primera ingesta del dia.
Uf, este sabor salado solo hace que recordarme cómo de golosa puedo llegar a ser. Así que fuí derecha al congelador y cogí el enorme tarro de helado de chocolate con virutas de chocolate. No hay placer más reconfortante que aquél al que le puedes añadir aún más placer. Y así lo hice: me dispuse a ver “El Diario de B.J.”.

Soledad, amor no correspondido, ligue, amor correspondido, desamor, soledad, amor reencontrado... Todo esto me va entrando rápidamente por los ojos aunque ya hace tiempo que dejé de fijarme en la historia en si. Solo soy capaz de ver mi reflejo. Soy como uno de esos caballos con los ojos vendados. Veo lo que me interesa ver y, de hecho, no me molesta que sea así.

En cierta manera, sé que soy feliz. Creo que no puedo llegar a serlo más. El tormento al que me someto, la inevitable soledad en determinados momentos, la melancolia de los tiempos pasados, la culpa de lo que no supe llevar perfectamente bien, la frustración al no poder hacer que otros vean lo que yo veo como correcto... nada de eso es capaz de hacerme creer que no soy feliz.

Algo me dice que merezco esto, aunque muchos crean que no. Pero yo ya soy un preso que ha cumplido condena, pese al deseo de muchos. Tengo la serotonina por las nubes y la oxitocina me visita muy a menudo, así que perdónenme pero voy a disfrutar de ello. Cogeré mi tarro de helado y mi “Diario de B.J.” y seguiré haciendo lo que merezco hacer: vivir y esperar, sin esperar vivir ni esperar lo que siempre esperé.