martes, 6 de noviembre de 2012

La compañía de la noche


Me dispongo a encerrarme en una habitación. Cierro el pestillo. El muy cabrón choca con el tope de la puerta, desvelando así mis intenciones. El aire és frío. El suelo, helado. Mis calcetines de Hello Kitty no logran impedir que mis pies adquieran la temperatura de un Calipo de fresa, así que doy un salto hábil en mi mente, pero patoso en la realidad, y meto los pies en mis blancas (aunque un poco sucias) zapatillas.

El momento se va acercando. Tiritando y muerta de cansancio voy apagando el ordenador. Guardo la mierda de mi escritorio. Hay mucha. Papeles, plásticos, pintauñas, vasos... Estoy tiritando y muerta de cansancio. Recojo cuatro cosas, las más grandes. Lo otro lo malpongo en un cajón.

Piso la alfombra blanca, ésta vez si, impoluta. Hago la croqueta un rato, me siento gilipollas un rato más largo y después me levanto, ahora ya, más realizada. Estoy tiritando y muerta de cansancio. 

Me acerco a la puerta. Visualizo la posición de mi cama y mis posibles impedimentos. Todo correcto. Se acerca el momento... ya llegó. Pulso el interruptor, la oscuridad me envuelve, corro velozmente hacia mi cama, no veo nada, la oscuridad se me tira encima como mil ojos punzantes, abro la manta y me meto rauda dentro de la cama.

El momento se va acercando. Tiritando y muerta de cansancio me acurruco como puedo para coger más rápido el calor. Tan patético, tan humano. Alguien me sopla en la nuca. Sopla fuerte, porque lo siento aún teniendo el cabello largo hasta la cintura. Abrazo a un peluche gigantesco, tiritando y muerta de cansancio.

El soplido cesa. Unas manos aprietan mis carnes. Me estremezco. Se me pone la piel de gallina.

El momento ha llegado. Una voz. Esa voz estridente que rompe el silencio de la habitación.
- Rodoniiil, no abraçis al peluche, abraça'm a miii. - Suspiro tranquila al entrar en calor. Y más que suspiraré.

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